Domingo, 02 Abril 2017 19:13

Un monstruo viene a verme (Cuando necesitas reafirmar tus síntomas… para que te crean)

Written by A. García
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Me han dejado un huequito en este blog para contar qué se siente al tener un trastorno de ansiedad generalizada. Estamos acostumbrados a leer artículos científicos, de psicólogos o psiquiatras. No voy a descubrir la pólvora ni dar con una respuesta o con la solución, pero me ayuda a entenderme a mí misma, y espero que también a alguien más le pueda servir de ayuda.

 

Utilizo SmartEMA como parte de la terapia.Los registros me ayudan a observarme, a tomar conciencia de qué es lo que está pasando por mi cabecita cuando me encuentro mal o estoy teniendo un ataque de pánico. Mola porque soy capaz de tomar cierta distancia, y porque así tengo constancia de lo que de verdad está pasando.

 

Yo soy una persona racional, con capacidad crítica. Me gusta la objetividad, me gustan los datos, me gustan las ciencias. Por eso, venir aquí a hablar de mis fobias, de mis trastornos y de mis cosas me cuesta. He tardado en darme cuenta, pero una de las cosas más desagradables que tienen este tipo de trastornos mentales es la lucha con uno mismo, con tus propias creencias, principios y valores… Yo soy muchísimo más dura conmigo misma de lo que jamás ha sido nadie hasta ahora.

 

Cuando tienes un trastorno de ansiedad generalizada y empiezas a tener fobias (las que sean, hay para elegir) terminas teniendo que dar explicaciones a los que te rodean… el problema está, claro, en  que no lo entiendes ni tú ¿cómo explicarle a una amiga que en su casa no te sientes segura siendo una segunda planta pero en la terraza de tu casa si? ¿cómo se lo explicas si ni tú misma lo entiendes? Es decir, sí lo entiendes, sabes que desde su casa hay una ventana muy grande desde la que se ve el suelo y eso te provoca pánico, porque piensas que te vas a volver loca y te vas a tirar, pero desde tu terraza no… tienes un muro y una celosía y no ves nada… y ojos que no ven… Pero claro, eso... ¿eso tiene sentido? ¿Es lógico? ¿Es racional? ¿Es normal?

 

Crees que la gente debe ser paciente, que tenga empatía, que no esperen nada de ti. Pero yo no me trato a mi misma con esa delicadeza. Detrás de cada ataque de pánico, de cada pequeño malestar, hay una larga jornada de reflexión que consiste en machacarte y juzgarte…  ¿Cómo puedes ser así, si tú no eres así?

 

Ahora estoy en pleno proceso de hacer las paces conmigo misma. De perdonarme, de tener paciencia, de ser afectuosa con mis dolencias. De aceptarme. Y tengo un conflicto por resolver. Curiosamente mis síntomas han empeorado desde que unas amigas se preguntaron si yo dejaba de hacer ciertas cosas con ellas por miedo o porque simplemente no me daba la gana. Aquello me dolió muchísimo, pero sobre todo me hizo sentirme cuestionada.El problema es que para salir de dudas, se ha puesto en marcha mi sistema autónomo que se cuestiona sobre el origen, la naturaleza, la forma, la realidad de mi propio malestar. He empezado a estar peor, he llegado a tener ataques de pánico que creía olvidados ¿Por qué?  ¿Para qué? Pues para salir de dudas… ¿No querías saber si realmente tienes un problema o lo estás usando como excusa? Pues toma dos tazas.

 

También te dicen “es que ni lo intentas, no haces el esfuerzo”... y claro, no saben que sí que lo intento y que hago el esfuerzo todos los días. Todos los días hay mil y un detalles que ponen en marcha mi instinto de supervivencia y desencadenan ideas de lo más locas e invasivas. Pero claro ¿cómo pretendes explicarles esto y pedirles comprensión si tú no la tienes?



Así que ahora debo empezar el  delicado proceso de hacerles ver que sí que tengo un problema, aunque a veces no lo parezca, y yo tengo que entender que es normal que ellas se cuestionen este tipo de cosas.

 

Me está ayudando un concepto que aprendí en un taller de Mindfulness, la autocompasión. No debe confundirse con sentir lástima con uno mismo. La autocompasión consiste en tomar conciencia de que se está sufriendo, y tratar de aliviar ese sufrimiento desde el cariño, el afecto y la ternura. Ahora, cada vez que me asalta un pensamiento o una idea que me incomodan, ejercito la capacidad de autobservación, tomo nota con SmartEMA de qué es lo que está ocurriendo, y no me castigo por ello. Es decir, no dejo de sentirme mal, pero a ese malestar no le añado toda la carga adicional que suele ser la respuesta automática: la culpa.

Read 235 times Last modified on Jueves, 06 Abril 2017 20:51

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